Crónica de «Cerda» de Juan Mairena

Imagen

Teatro Alfil. Sábados y domingos septiembre 2015. Entradas en Atrapalo

[Actualizado 02 de septiembre de 2015]

Y sí, Cerda es una obra compleja que, a pesar de mostrar una pátina de una más que evidente vocación petarda y popera, tiene, además, un calado mucho más profundo y serio. Cerda es una gema laboriosamente facetada en la que el primer destello que deslumbra al espectador es el copioso juego de referencias que llegan abundantes desde mundos diversos como la televisión, la pintura, la música, el cine o el universo freak de internet. Desde The Walking dead y Homeland hasta Gertrude Stein y Dalí pasando por las videntes de la tele o por la fallida aproximación casera al método del Actors Studio perpetrada por Sonia Monroy.Cerda 2

Y es que Cerda hace un vertiginoso viaje desde el imperecedero glamour protochochi de Divine hasta la inmersión en el acervo lingüístico rural español con la justísima rehabilitación de locuciones rústicas de resultado tan impredecible pero siempre tan drástico, como el contundente «meter en verea» .

También es una obra rica en analogías y figuras simbólicas: ya en la presentación de la madre superiora, Sor Leona (Dolly), esta comienza enunciando la receta del membrillo evocando el efecto alienante que cierta educación mal considerada cristiana provoca en las jóvenes novicias: «se les quita el corazón, se remueve con cuchara de palo, se mete en moldes, etc». Soy especialmente «fans» de esa audaz relación a tres bandas que, en plan leitmotiv, sobrevuela alguna de las escenas más intensas de la obra, en la que uno de los elementos más fascinantes de la astrofísica, como son los agujeros negros, es audazmente comparado con una rosquilla del santo. Rizando el rizo, a su vez, esos dos elementos tan dispares entre sí –agujero negro y rosquilla mañanera que hace que nuestros días sean redondos– le sirven a Mairena para crear la potente imagen de una herida abierta en el alma a través de la cual se puede ver a una innominada niña solitaria,  jugando inocente y sola en la orilla del mar con olas niñas como ella.

Cartel cerda 9

Y, como digo, este nutrido compendio de referentes actuales junto con el oportuno revival de tendencias bastante desfasadas, –la antediluviana Madonna, es un elemento vintage recurrente de la trama–, además de delirantes situaciones surrealistas –impagable el test de italianidad al que es sometida sor Katana (María Velesar)–, bien vale una visita al Teatro Alfil para echar unas risas, matar saudades y reflexionar un poco sobre los problemas sobre los que pivota este texto dramático: la identidad de género y la justicia, ya que, como sostiene Mairena, para que haya justicia la premisa es nos aceptemos nosotros mismos y también que nos acepten los otros como realmente somos.

El enloquecido humor de esta obra, es sólo una de las caras del chatón tan magníficamente tallado por Mairena. De hecho, en mi opinión, el gran peligro de esta propuesta radica en que el apabullante delirio místico-transexual impida, en cierto modo, apreciar el profundo lirismo y la riqueza simbólica con que está tratado el grave asunto que compone el meollo de este texto.

La obra fue estrenada con éxito en Argentina –en una producción local– en lo que supuso la primera incursión internacional del texto.

Recomiendo a los que se hayan sentido intrigados por el subtexto de Cerda que se animen a leer la obra y comprueben que está lejos de ser una comedia superficial. Cerda fue editada por Ediciones Antígona.

Presentación Cerda (Ediciones Antígona)
Presentación Cerda (Ediciones Antígona)
Sor Katana (María Velesar)
Sor Katana (María Velesar)

Y es que Cerda no es un título elegido al azar. Cerda va de comportamientos de pocilga. Va de seres humanos que deciden jugar a ser Dios con otros seres humanos. Va de esos cerdos y cerdas, que en toda época y lugar, respaldados por un credo, una ideología o por la supuesta autoridad moral que creen ostentar por gracia de su pertenencia a una determinada institución o grupo, se permiten, no sólo juzgar, sino también disponer de la vida de los otros, especialmente cuando estos otros son más vulnerables, es decir, en la niñez. Las profundas cicatrices que esculpirán en la infantil piel de estas víctimas inocentes las arbitrarias decisiones de estos jueces de cochiquera serán profundas y permanentes, sus afectos quedarán desvirtuados, su identidad desestructurada como carne de membrillo, su futuro malogrado. Sí, Cerda va de angelillos cuya opción a la felicidad ha sido abortada por habérseles robado el amor primero, el de sus madres.

Un acierto de esta propuesta es que a pesar del lamentable tema que trata Cerda no es una ejercicio de revanchismo, ni un panfleto –los mítines no son el territorio de los buenos dramaturgos, para eso están los estadios y las catedrales, los políticos y los curas–, tampoco es un ajuste personal de cuentas pero sí es un bello ejercicio para, desde un lenguaje disparatado y una exposición surrealista, contar una historia muy real y muy triste. Pero eso sí, aunque sin caer en el bíblico «ojo por ojo» al menos sí podemos desear que cada palo aguante su vela.

La voz de Mairena es singular y el ritmo muy personal, esCerda 1 frecuente que un monólogo reflexivo y existencialista progrese con una sola frase hacia lo grotesco. A nivel teatral hay escenas de gran lucimiento como la de la médium en la que un involuntario diálogo a tres bandas trasforma el significado de las palabras para cada interlocutor.

Inma Cuevas, la primera Sor Cicilia, recibió el Premio de la Unión de actores  a Mejor Actriz Secundaria de Teatro por este trabajo decano del Off  madrileño que en agosto de 2015 pasó, por fin, al circuito comercial. En la actualidad Carolina Herrera construye un personaje formado a partes iguales de humor y ternura.

Es imperativo destacar el sobresaliente trabajo de Dolly (Sor Leona) que controla impecablemente el cómo y el cuándo. Perfecta dando el énfasis adecuado –siempre indefectiblemente desbordado– a cada uno de los chascarrillos o rebuznos de su disparatado y esperpéntico personaje.

Por esa insólita capacidad para conectar lo desaforadamente popular con lo excelso, considero que Juan Mairena, tal vez sin proponérselo, es una especie de Junot Díaz español. Mairena es ese capaz de lanzar puentes entre Raffaela Carrà y Carl Sagan, entre la heroica poesía de Santa Teresa de Jesús y el pesadísimo aflamencamiento fumeta de Pastora Soler. ¿Cómo lo hace? No tengo ni idea, solo sé que lo hace y que funciona increíblemente bien. Y si queréis comprobarlo solo tenéis que dejaros caer por el Teatro Alfil.

Fechas y horarios: SÁBADO 20:00 DOMINGO 20:30 en el TEATRO ALFIL

CERDA

Dramaturgia y dirección de Juan Mairena

Elenco: Dolly, Carolina Herrera, David Aramburu, Soledad Rosales y María Velesar

Ayudante de dirección: Pablo Martínez Bravo

Escenografía: Blanca Moltó

Iluminación: Rodrigo Alonso García

Vestuario: Íñigo Sádaba

Coreografía: Pablo Martínez Bravo

Producción: La caja negra teatro

Anuncios

Crónica de «Cabaret de Caricia y Puntapié» sobre Boris Vian

cabaret

Vuelve a Madrid el exitoso montaje de la Compañía aragonesa Gato Negro y 9 de 9 teatro con dirección de Alberto Castrillo Ferrer que, desde su estreno en esta ciudad en el Teatro Arenal en 2009, ha hecho un largo y provechoso recorrido por la geografía española y argentina.

La divertida propuesta es un recorrido por varias canciones del icónico compositor, escritor y dramaturgo francés de entreguerras Boris Vian que se irán sucediendo con la excusa de la accidentada defensa de una hilarante tesis doctoral sobre el triángulo letal “Amor, Violencia y Vecindario (AVV)”.

Incontables cambios de vestuario y caracterización para un total de dieciséis personajes encarnados magníficamente por Carmen Barrantes y Jorge Usón. Así, les veremos transformarse en unos sangrientos carniceros franceses; en una pareja de argentinos algo peculiares; en un profesor insigne con una desquiciada y colérica asistente letona, ¡no rusa! – divertidísima-; un belicoso chico de rellano; un inventor loco (Barrantes travestida); abuela marchosa (Usón travestido); chica ligera de cascos; pijo empedernido y fea de escalera, entre otros disparatados y encantadores personajes.

Un guión muy divertido de acción trepidante y de humor inteligente y transgresor. Canciones bien interpretadas en lo que es un verdadero tour de force para los actores que apenas tienen unos segundos entre cambio y cambio de personaje.

Quizá el único momento en que baja un poco el trepidante nivel de la obra sea durante los minutos de descuento que los creadores del montaje han incluido después el penúltimo número que acaba en pico, con ambos actores dándose de puntapiés y puñetazos al ritmo de la música mientras el público no puede parar de reír. Después de una explosión de aplausos y de tener a todo el patio de butacas arriba se añade un número que debía haber sido una traca final y que, sin embargo, resulta un poco como de transición y hace que la ovación final sea un poco más calmada de lo que podría haber sido si este número no fuese el que cerrase el show.

Una propuesta más que conveniente para este mes de diciembre en el que el cuerpo pide risas y diversión cuando uno ya va teniendo cuerpo de fin de semana y quiere empezarlo riendo y pasando un rato muy ameno y divertido. Testimonio de la acertada fórmula utilizada en este montaje es que fue merecedor del Premio Max 2010 al Mejor espectáculo de Teatro Musical.

Compañía: Gato Negro
Dramaturgia: Textos a partir de un trabajo de improvisaciones del equipo artístico
Reparto: Carmen Barrantes y Jorge Usón
Dirección: Alberto Castrillo Ferrer
Escenografía: Manolo Pellicer
Vestuario: Marie-Laure Bernard
Iluminación: Carlos Samaniego “Sama”
Música: Miguel Ángel Remiro
Maquillaje y caracterización: Ana Bruned
Caricaturas: José Luis Cano
Diseño gráfico: Manuel Vicente
Fotógrafía: Marta Marco
Arreglos vocales: Raquel Agudo
Teatro Alfil del 9 al 21 de diciembre
Entradas aquí