Crónica de «El testamento de María» de Colm Tóibín

Foto Josep Aznar
Foto Josep Aznar
«Aquel día, el día del que me pedía detalles, el día del que quería que le hablara una y otra vez, en medio de toda la confusión, en medio de todo el terror y de los aullidos y los gritos, se acercó un hombre con una jaula en la que estaba encerrado un enorme pájaro hambriento, el pico afilado, la mirada colérica; no podía extender las alas y el confinamiento lo frustraba y enfurecía. Debería haber estado volando, cazando, abatiéndose sobre una presa.
El hombre llevaba también un saco, que poco a poco me di cuenta de que estaba lleno de conejos vivos, pequeños bultos de energía salvaje y aterrada. Y durante aquellas horas en la colina, durante las horas que transcurrieron más lentamente que ningunas otras, fue sacándolos de uno en uno y deslizándolos dentro de la jaula apenas entreabierta. El ave atacaba primero la parte blanda del vientre, abría a los conejos hasta que las tripas se desparramaban, y luego, por supuesto, se ocupaba de los ojos».

Comienzo esta crónica con un fragmento del íncipit de El testamento de Maríapues creo que este breve párrafo podrá dar una buena idea, más allá de lo que yo pueda explicar, de la capacidad lírica y la intensidad dramática del texto de Tóibín. La obra es en verdad un trabajo formalmente muy bello, de hechuras muy hermosas y pasajes de marcado simbolismo dramático. Si a ello añadimos que la dirección y la adaptación corre por cuenta de Agustí Villaronga, autor y director de la laureada película Pa negre, y que el papel de María está defendido por una actriz tan carismática e indiscutiblemente fiable como Blanca Portillo –Premio MAX 2015 a la mejor actriz protagonista por este trabajo– es innegable que estamos ante lo que va a ser, lo que ya es, un gran éxito. Y sin embargo, a pesar de semejante elenco, creo que hay que acotar esta afirmación y decir que se tratará de un gran éxito… comercial.

Me explico:

La novela The testament of Mary (2012) se gestó como resultado del montaje del monólogo Testament –escrito por el propio Tóibín– que dirigió Garry Hynes en el Festival de Teatro de Dublín, siendo Marie Mullen la protagonista de aquella producción. La exitosa premier norteamericana tuvo en 2013 un montaje dirigido por Debora Warner en el teatro Walter Kerr de Broadway, interpretado por Fiona Shaw, actriz fetiche de la famosa directora, Por si no fuese suficiente tanta púrpura existe una versión de audiolibro de la novela a cargo, ¡ni más ni menos!, que de Meryl Streep.

Testamento 1
Foto: Josep Aznar

El montaje que ahora vuelve al CDN tras una gira triunfal por España y sus provincias, debut en la dirección teatral de Agustí Villaronga, se estrenó en el Grec de Barcelona donde también tuvo, ¡cómo no!, una muy buena acogida. El espacio elegido por el CDN es la acogedora sala Francisco Nieva, cuyas reducidas dimensiones propician el clima íntimo en el que María, ya exiliada en Éfeso, hará su confesión ante el mundo y la Historia. La propuesta escenográfica de Frederic Amat está algo sobredimensionada. Estéticamente este abuso recuerda a un buen decorado de parque temático cuya función no es otra que epatar al visitante, sin que de este excesivo despliegue se usen la mayoría de los elementos. Algunos de ellos, sin embargo, resultan prácticos para el desarrollo de la trama y a su vez evocadores del lirismo del texto; como, por ejemplo, el pozo en donde tendrá lugar una sobrecogedora escena. Nada sobra, por el contrario, en el acertado vestuario de Mercè Paloma, cuyos diferentes elementos favorecen y fijan el viaje en el tiempo del relato. Tal vez, y esto es atribuible a la dirección, resulta algo fatigosa la obstinación de la protagonista por quitarse y ponerse ciertas prendas sin que del gesto se pueda extraer ningún mensaje o intención más allá del propio tic. Sobre la interpretación de la Portillo poco hay que añadir, está creíble, entregada, equilibrada a pesar de que el texto exige un registro casi constantemente dramático.

Pecado original

Y, sin embargo, este montaje tan bienaventurado nace con una mácula estética. Y no se trata de una falta menor, nada de eso: El enorme obstáculo de este trabajo es la completa obsolescencia de su temática. Haciendo un chusco paralelismo tecnológico, podríamos decir que es como si ahora, en la época del iphone 6S, a un técnico bien reputado le diera por divagar sobre las potencialidades inexploradas del Motorola DynaTACA. No estoy diciendo que la Reina de los Cielos sea un celular anticuado –me da mucho respeto caer en el anatema– pero, ¡a estasvirgen avion alturas de la película!, ¿a quién le importa la dimensión humana de un personaje de ficción como es la Virgen María? Entiendo que esto ocurra en los EE.UU, donde la religión es aún un tema central de la sociedad, pero quiero pensar que en Europa, en la agenda de la gente más o menos cultivada que consume teatro contemporáneo, las vicisitudes terrenales de la ciudadana María no son una inquietud fundamental. Ser gay en Irlanda debe ser una buena oportunidad para cosechar traumas, pero, ¡mon Dieu!, esto es abrumadoramente casposo.

Entiéndase que mi reparo nada tiene que ver con una postura de intransigencia religiosa. Me interesa mucho el hecho religioso y especialmente las expresiones artísticas que han surgido inspiradas por este tipo de creaciones mentales como es la dimensión divina y sus ha. Me parece ridículo intentar dar una versión alternativa a la ya de por sí inverosímil explicación oficial, ya que no hay ni una solo dato histórico que pueda sustentar ni siquiera un atisbo de verdad biográfica sobre el personaje aquí abordado. Por otro lado, toda esta new age neotestamentaria expresa, en mi opinión, cierto grado de inmadurez filosófica ya que, en vez de desechar de una vez por todas la absurda doctrina, aparecen periódicamente nuevos intentos de racionalizar lo inaceptable, presentando a los personajes cubiertos por una falaz pátina contemporizadora con la que el espectador actual pueda empatizar. Los responsables del montaje comentan sin excepción que esta obra permite una visión humana de María (sic), una supuesta asignatura pendiente desde hace dos mil años. Algunos añaden incluso que la obra supone una modernización de la Biblia (¡!). Bueno, en mi opinión, esto es un inútil ejercicio de reiteración. La dimensión humana de la Virgen como madre a la que un poder político arrebata a su hijo para sacrificarlo en la cruz ha sido tratado desde hace siglos tanto desde dentro de la Iglesia como desde fuera de ella (recordemos a la María esencialmente humana que construyó Pasolini en su Evangelio según San Mateo). Me cuesta creer que un católico como Tóibín no esté familiarizado con el Stabat Mater, un himno del siglo XIII que es posiblemente el epítome de todas las oraciones que expresan el patetismo del dolor de la madre –de la madre, no de la Reina de los Cielos– a los pies de la cruz:.

Foto: Josep Aznar
Foto: Josep Aznar
La Madre piadosa estaba junto a la cruz y lloraba mientras el Hijo pendía.
Cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.
¡Oh, cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba del Hijo amado la pena.

Para que el espectador actual pueda digerir un bocado tan correoso como es la idea de la Virgen María, Tóibín tiene que presentarlo convenientemente procesado: de hecho, lo transforma hasta convertirlo en fast food, usando la estrategia del poli bueno y el poli malo. Cristo, obviamente, es el malo. María se presenta escéptica sobre la naturaleza divina de su hijo, al que describe ensoberbecido y rodeado de unos apóstoles que asemejan hooligans de perfil bajo. El Hijo del Hombre es, más que nada, un vástago pagado de sí mismo y respondón que da a su madre muchas «irritaciones» por su peculiar estilo de vida. ¡No me digan que un planteamiento tan torticero no sonará familiar a la mayoría de los padres que asistan al espectáculo! Estuve en el encuentro con el equipo artístico y hubo consenso entre la mayoría de amas de casa que nutrían el patio de butacas en afirmar que habían sufrido especialmente con las contestaciones que el muchacho espetaba a la sufridora y paciente madre. En dicha ocasión estas entrañables matronas también dieron buena cuenta del término «monstrua» que dedicaron profusamente a la Portillo: ¡este montaje está llamado a ser un gran éxito!

Tal vez Tóibín no sea un gay católico atormentado, ansioso por reconciliar las leyendas que le inocularon en el colegio con su condición de intelectual escéptico y consagrado. Tal vez Tóibín sea simplemente un astuto hombre de negocios que ha querido subirse a ese tren expreso de las oscuridades económicamente rentables, esas que tan provechoso viaje ha cumplido para astracanadas como El código Da Vinci y la caterva de obras explotadoras hasta la nausea de la ignorancia y de ese apenas adormilado sentimiento supersticioso del hombre moderno que despierta vigoroso cada vez que se le alimenta con un poco de refrito evangélico.


Testamento 2
Foto: Josep Aznar

Teatro Valle-Inclán – Sala Francisco Nieva

Autor: Colm Tóibín
María: Blanca Portillo
Dirección: Agustí Villaronga
Escenografía: Frederic Amat
Música: Lisa Gerrard
Vestuario: Mercè Paloma
Iluminación: Josep Maria Civit
Cartel: Isidro Ferrer
Fotos: Josep Aznar
Vídeo: Paz Producciones


 

Funciones

26 de febrero a 20 de marzo 2016
Sala Francisco Nieva (Teatro Valle-Inclán)
Horario: martes a sábado a las 19:00 horas y domingo a las 18:00 horas
Duración: 1 hora y 15 minutos (aprox.)
Encuentro con el público el 10 de marzo al finalizar la función


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