Artículo «¿Finges que te gusta Pinter? No estás solo» por Lauren Mooney

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Artículo por Lauren Mooney . Traducc. Miguel Pérez Valiente
Artículo por Lauren Mooney . Traducc. Miguel Pérez Valiente
Harold Pinter en el Armchair Theatre, 1960. «Es esa sensación de que de por algún motivo no ha hecho los deberes, que ese club no es par a ti». Fotografía: FremantleMedia/Rex
Harold Pinter en el Armchair Theatre, 1960. «Es esa sensación de que de por algún motivo no ha hecho los deberes, que ese club no es par a ti». Fotografía: FremantleMedia/Rex

Viernes 13 de mayo de 2016

La nueva directora artística del Globe Theatre, Emma Rice, parece que no está dispuesta a seguir el guión. No contenta con enfadar a muchos esta semana con su anuncio de llenar de rostros asiáticos y negros la nueva producción de un título de Shakespeare –«estoy segura de que ya había negros y asiáticos por aquí hace 400 años»–, Rice ha cabreado a la élite shakesperiana sugiriendo que algunas personas solo fingen que les gusta Shakespeare, para no parecer tontos. Resulta difícil pensar que a alguien le pueda sorprender esa opinión.

banner 2Sobre todo porque todos lo hacemos, ¿no? Si sois capaces de mostrarme a alguien que no se haya visto nunca en la tesitura de siendo acorralmmado en un bar por un experto pesado, verse en la necesidad de decir que le gustan cosas que en realidad no le gustan –bien para parecer más inteligente o bien para ahorrarse el sermón sobre por qué está equivocado–, yo os mostraré a alguien que probablemente no frecuenta mucho los bares.

Esa presión contagiosa que presupone que entendemos sobre cosas que en realidad no entendemos y que nos gustan cosas que en realidad odiamos es precisamente lo que hace que la gente no se aficione al teatro: esa sensación de que, de alguna manera, no has hecho los deberes. O que se trata de un club en el que no encajas. A mucha gente le cabrea sobremanera que Rice dirija un teatro shakespearano a pesar de tener la osadía de pensar que Shakespeare no es lo mejor que ha pasado desde que los doctores dejaron de tratar las enfermedades venéreas con sanguijuelas (como si es que no estuviera buscando enfurecer precisamente a ese tipo de gente).

Rice busca esta controversia deliberadamente para subrayar una idea: que la falta de conocimiento previo o cierto prejuicio en el público no tiene por qué ser una barrera que impida disfrutar del montaje. Lo que resulta una estupenda regla general para todo tipo de teatro pues, esto que ocurre con el teatro de Shakespeare, es solo la punta del iceberg. Me apostaría a que en este mismo momento hay gente por todo el país está fingiendo comprender:

Emma Rice presenta su primera temporada el frente del Globe de Shakespeare.
Emma Rice presenta su primera temporada el frente del Globe de Shakespeare.

Tom Stoppard: ¿Eres lo suficientemente inteligente?

¿Sabes cuál es el primer resultado que te devuelve Google si buscas “Tom Stoppard”? Se trata de un artículo titulado «¿Eres lo suficientemente inteligente para ver una obra de Tom Stoppard?», como si cada acomodador controlando el acceso a la sala tuviera que poner un pequeño examen de ingreso o comparase tu nota media de bachillerato con un regla impresa en el marco de la puerta como si fuera uno de esos carteles que avisan de la «altura mínima para poder montarse en la atracción».

En una cita que aparece en ese artículo, Stoppard se queja de que en el pasado la gente solía saber quién era Goneril pero ahora ya no. Vinculando la inteligencia con haber leído El rey Lear. Como si la relación entre esas dos cosas no fuese completamente espuria. (A Tom Stoppard le habría gustado ya que se trata de una broma matemática y por lo tanto se supone que es muy inteligente).

texto1En una de las estrategias de mercadotecnia más astutas que he visto en mi vida, Stoppard ha pontificado tanto sobre el creciente embrutecimiento del público que ha conseguido convencer a la gente de que a cualquiera que no le guste su obra es porque no tiene suficiente nivel.

Así que ahora la gente se conforma con expresar su gusto por él con más alharaca que la persona que tengan al lado, solo para demostrar que son inteligentes. Incluso aunque una vez vi que tenía problemas para usar correctamente una puerta automática, me gustan las obras de Tom Stoppard, pero creo que es bueno recordar, como en el caso que me ocurrió en el colegio siendo niña que tuve la barbilla rozada durante seis semanas porque un niño que me gustaba me pidió que rodase y rodase por el suelo de su mano (verídico), que no todas las personas que quieren probarnos merecen que aceptemos entrar al trapo.

Harold Pinter: ¿No te lo estarás tomando muy en serio?

Todo el humor típico de Joe Orton pero con silencios más largos y significativos. La reciente producción de Regreso al hogar que ha hecho Jamie Lloyd ha sido un gran recordatorio de que Harold Pinter de hecho incluye muchas bromas en sus obras. Si habéis visto una obra de Pinter y os ha resultado aburrida y lenta, perfecto, a mucha gente le pasa lo mismo, aunque también podría ser que la persona que ha dirigido ese montaje que no os ha gustado podría haberse tomado a Pinter demasiado en serio.

La guía de bolsillo para parecer un experto en Pinter sin tomarse la molestia de ver sus obras incluiría: gusto por los triángulos amorosos, conocer bien el este de Londres, haber tenido aventuras; hacer pausas largas, decir que a Pinter le gustan las pausas, asentir astutamente y esperar a que los interlocutores asientan a su vez. Eso es puro Pinter.

George Bernard Shaw: No es el de A Handbaaag

Durante años he dado a entender a mucha gente que he leído con frecuencia a Bernard Shaw: «Ah», he exclamado con picardía, mientras sostenía una copa con alguna bebida «Bernard Shaw». Lo cierto es que nunca he leído ninguna de sus  obras. Eso sí, vi el musical My Fair Lady en VHS una vez y media. También me da vergüenza admitir que en una ocasión, siendo adolescente, dije A handbaaag durante una conversación sobre Bernard Shaw y amablemente o desconsideradamente, depende del punto de vista de cada uno, nadie me corrigió y me dijo que A Handbag es una frase de una obra de Oscar Wilde. (A veces me pregunto lo enfadado que se pondría un hombre tan ingenioso como Oscar Wilde si supiera que «A handbag» es una de sus frases más citadas).

Chéjov: hace que te quieras cargar a los ricos

A algunas de mis personas favoritas en el mundo les gusta tanto Chéjov que cuando hablan de él se les llenan los ojos de lágrimas. Yo solo he visto una de sus obras y me provocó ganas de cargarme a un rico.

En última instancia la producción puede determinar el éxito o el fracaso de incluso el mejor y más perdurable texto. Es por esto por lo que a la gente le gusta el trabajo de Rice ya que la gente que tiene pasión por hacer teatro divertido, inolvidable e inclusivo es imprescindible. Después de todo, si no haces el esfuerzo de enganchar a la gente, de convocarlos en sus propios términos, ¿qué sentido tiene nuestro trabajo? Después de todo ya no competimos con la tele. Ahora competimos con Netflix.


Lauren Mooney es una escritora, productora y  gestora cultural. Trabaja para la Clean Break Theatre Company  y es la escritora-productora Kandinsky Theatre
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Crónica de «Dorian» de Carlos Be

Dorian - Cartel - Jan Pisarik

Después de unos meses de residencia en Bogotá, el dramaturgo de psique siempre agitada, Carlos Be, vuelve a Madrid para hacer, una vez más, una apuesta fuerte con un montaje que, en mi opinión, está llamado a convertirse en uno de los trabajos de referencia del autor de «Peceras», «Muere Numancia, muere», «Exhumación» o la exitosa dramedia musical «Elepé».

A este tahúr de las emociones no se le da bien ir de farol y, en lo que a «Dorian» concierne, no lo hace. El órdago es arriesgado pero también cabal, juega con buena mano. Carlos pone sobre el tapete, con su mirada inmisericorde, muchas de las servidumbres que someten a nuestra sociedad. Buen buceador del alma humana a Be no le interesan las aguas claras, solícito se sumerge hasta lo hondo para remover el fango y traer a la luminosa superficie parte de ese barro fundacional.

Apoyado en el espléndido texto de la novela cuasi homónima de Oscar Wilde, publicada en 1890, Carlos Be ha creado con «Dorian» una dramaturgia llena de nervio que actualiza la reflexión sobre el demoledor impacto que provoca el excesivo sometimiento a la belleza, y a la vanidad que, indefectiblemente, acompaña a ésta. El tema no puede ser más clásico y, por lo tanto, no puede ser más actual y más universal. Quizá, por eso, es imposible localizar a este Dorian que enseñorea su ponzoña con paradójica ubicuidad por plazuelas de Praga, Bogotá, Nueva York o Madrid.

Todos los personajes de «Dorian» -de muy variada procedencia, cultura y nivel socioeconómico-, resultarán igualmente damnificados por la letal explosión atómica que provoca la despreocupada sonrisa del engreído adolescente. Un verdadero tsunami destructor que arrollará vidas vacías agitándolas como si fueran desvalidas caracolas huecas, a merced de las embestidas de una mala mar.

Salta a la vista que Basil, Henry, Victoria, Agatha, Wolfgang, James o Sibyl buscan desesperadamente afecto genuino, a saber, eso que da sentido a la vida, que da consuelo en el camino, que compensa las decepciones y alivia las heridas; esa promesa de seguridad y de merecido respeto, pero, incapaces de reconocer en los otros las virtudes del buen compañero, se subyugan al imperio de la frívola belleza sometiéndose sumisos al descaminado argumento que sostiene que lo bello debe ser necesariamente bueno. Dorian es inmoral en su inconsciencia, en su falta de empatía, pero todos los que le aman participan de esa inmoralidad por haber querido identificar el amor en los pliegues de la carne, en la luz de una sonrisa.

Nuestras sociedades están brutalmente asfaltadas de ese falaz razonamiento. Todos los caminos nos abocan a impregnarnos de ese pegajoso alquitrán: cada vez que encendemos la televisión, abrimos una revista o vemos una película se nos invita a construir nuestro proyecto sobre muscular chapapote, a cimentar nuestra felicidad sobre el oscuro y viscoso dominio de la pasajera hermosura.

Hombres, mujeres y viceversa
«Hombres, mujeres y viceversa» un 16% de share y un millón de espectadores

Este interesante montaje no se apoya únicamente en un texto que disecciona con colmillo retorcido el universo afectivo, y moral, de los atribulados personajes, sino que, también, está favorecido por un solvente equipo de actores que se han entregado en cuerpo y alma a la arriesgada propuesta del dramaturgo y director, casi todos ellos abordando el desafío de doblar personajes muy antagónicos.

El elenco, completamente masculino, aporta a la propuesta un marcado sesgo homosexual que sintoniza con la realidad social del propio Oscar Wilde pero que, además, subraya la coincidencia entre la temática de la obra y los valores propagados por esa cultureta impuesta al colectivo gay que, sin saber muy bien por qué, preconiza, tan frecuentemente, la exaltación del hedonismo y la vanidad exacerbada.

Amor al Alcance de un clic
Amor al alcance de un click

Por su versatilidad destaco el trabajo de Javier Prieto que se enfrenta a sus dos personajes con iguales dosis de profesión y verdad. Asimismo, David González, -cuyo trabajo hemos admirado en tantas ocasiones-, demuestra en este montaje la solidez de su talento que le permite, a estas alturas, reinventarse como interprete; su primera aparición es un verdadero punto álgido de la función y su monólogo como Wolfgang es, también, uno de los momentos más memorables de esta puesta en escena. La fresca interpretación del joven actor Carlos López, como el hipnótico Dorian, es el contrapunto actoral a la experiencia y las tablas con las que Alfonso Torregrosa, ha construido su carismático, irónico y desencantado Henry. Por su parte Jorge Cabrera, además de encarnar al pintor Basil, protagonizará, con mucha habilidad, uno de los momentos más sorprendentemente eróticos que se hayan visto sobre las tablas madrileñas en el marco de una de las “fiestas barrocas” de Wolfgang.

La función está, además, aderezada con  la colaboración del grupo musical Algora que pone música a una intensa escena discotequera protagonizada por Francisco Dávila..

Tuve la oportunidad de asistir alguno de los ensayos de este montaje y, aun estando todavía en agraz, ya me resultó conmovedor y necesario. En el estreno, con el trabajo ya madurado, entendí hasta qué punto «Dorian» habla de algo que nos afecta y nos hiere a diario. Es porque creo que el teatro nos puede transformar y realmente tiene la capacidad de hacernos mejores por lo que recomiendo, sin ningún tipo de reserva, esta función que nos ofrece ese maravilloso espacio, joven pero ya emblemático, que es La Pensión de las Pulgas.

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Versión y Dirección: Carlos Be

Ayudante de dirección: Pablo Martínez Bravo

Produce: The Zombie Company.

Productora: Sara Luesma

Elenco: Jorge Cabrera, Francisco Dávila, David González, Carlos López, Javier Prieto y Alfonso Torregrosa.

Cartel: Jan Pisarik

Música: Algora

La Pensión de las Pulgas

Representaciones en febrero: Martes a las 19 y 21.30 h

Representaciones en marzo: Lunes a las 20 h y martes a las 19 y 21.30 h

Teléfono de reservas: 638 752 812 (de 11 a 14 y de 17 a 20 h). Entrada: 18 euros.