Crónica de «Cliff (acantilado)» de Alberto Conejero

Cartel por Chema Pop
Cartel por Chema Pop

[Artículo actualizado el 30 de agosto de 2015 con motivo del estreno del montaje en Nave 73 el 05 de septiembre de 2015]

cliff 2Cliff (Acantilado) fue estrenada, en España, el 8 de septiembre de 2014 en La Pensión de las Pulgas con un considerable éxito de crítica y público.  Un año después, el pasado sábado 5 de septiembre, la obra fue presentada de nuevo en la sala Nave 73. Con motivo de este reestreno el montaje ha sufrido algunos cambios (que comentaremos más adelante) y que en mi opinión han ido muy a favor de la propuesta realzando unos elementos que ya de por sí eran muy interesantes.

Y es que la obra cuenta con todos los ingredientes para resultar un viaje apasionante para el público ansioso de buen teatro: un autor, Alberto Conejero (Jaén, 1978), en imparable curso Luis perdiguerode colisión con el éxito, quien para esta ocasión, ha elegido rodearse de un dream team a la altura de su talento. Como director del montaje el polifacético actor-bailarín-coreógrafo-director, Alberto Velasco (Valladolid 1982) que recientemente nos regaló el espectáculo Danzad Malditos (Frinje 2015) y del que podemos disfrutar todas las semanas en su trabajo en la serie “Vis a vis” encarnando a Antonio Palacios; La escenografía es obra del cada vez más imprescindible Alessio Meloni; la emotiva –y no es hablar por hablar– música  original es de Mariano Marín; la evocadora iluminación la firma Luis Perdiguero y el trabajo de videoarte ha corrido a cargo de Adriá Giralt.

Pero, con permiso de todos, me gustaría resaltar el sobresaliente trabajo actoral que ofrece un actor capaz de enfrentarse a un monólogo de superlativa complejidad interpretativa, Carlos Lorenzo Villoria.  De la eficaz existencia orgánica del personaje se adivinan las horas de duro trabajo de actor y director para conseguir un resultado de una calidad que, por desgracia, no tenemos oportunidad de ver sobre las tablas con la frecuencia que nos gustaría.

A pesar de su juventud, Conejero es autor de un buen número de ensayos y piezas teatrales, entre las que destaca La Piedra Oscurapremio Ceres a la mejor autoría teatral, –en cartel por segunda temporada en el Centro Dramático Nacional–,  y este Cliff (acantilado), texto ganador del IV Certamen Leopoldo Alas Mínguez – SGAE 2010 y publicado porCliff la Fundación Autor en 2011. Para los que conocíamos el texto de Alberto Conejero había una especial curiosidad por ver cómo iba a ser encarnado ese personaje profundamente herido. Por otro lado, parecía de justicia que un texto que ya había sido montado en Buenos Aires en 2012 (con otra producción) fuera, al fin, representado en España.

No voy a negar que también existía un interrogante: un monólogo de extraordinaria dureza donde las palabras del desencanto son escogidas por el autor con la contundente violencia del martillo del herrero; un protagonista deslizándose en caída libre por la resbaladiza pendiente de una vida llena de reveses mal gestionados, acelerado en su descenso al abismo por su propia manía de rebullirse contra un mundo al que solo puede soportar desde las profundidades de un vaso de güisqui. Y, por último, un texto a veces sutilmente críptico que apela al deseo del espectador de descubrir los parajes de dolor y decepción por los que transita el personaje.

Se trata, pues, de un personaje amenazado por muchos conflictos: El detonante, un accidente que borra su principal rasgo identitario frente al mundo, su belleza; una culpa: la homosexualidad vivida en los difíciles años del macarthismo; el ruido de fondo: una relación conflictiva con su madre y una inquietud: el anhelo por reencontrar la honestidad como actor, algo que los estudios de Hollywood  han dinamitado a fuerza de contratos millonarios.

Conejero, el autor de las ecliff 1mociones, ha sabido impregnar de desencantado lirismo un texto que no solo habla de la vida de un gran actor de Hollywood, Cliff trata –como lo hace siempre el buen teatro– de nosotros mismos y especialmente de todas esas ocasiones en que nos atropellan las ciegas acometidas de la vida. La vida, esa experiencia sobre la que, en el mejor de los casos, apenas podemos tener la vana ilusión de un cierto control.

Recomiendo este montaje a los  que aún no conocen el teatro de Alberto Conejero, a aquellos que ya lo han señalado con nombre de elegido tras emocionarse con ese himno de humanismo consolador que es La piedra oscura y muy especialmente congrego a aquellos que ya vieron Cliff (Acantilado) en La pensión de las pulgas, pues aquel vino joven de hace un año se ha convertido en un caldo con solera lleno de matices en el que todo anima para que la belleza de la hábil prosa del poeta se sobreponga a la amarga negrura del dolor narrado.


Datos estreno en la Pensión de las Pulgas 08 de septiembre de 2014

CLIFF (ACANTILADO)

Texto de Alberto Conejero

Dirigido por Alberto Conejero y Alberto Velasco
Interpretado por Carlos Lorenzo
Espacio sonoro y música original: Mariano Marín
Creación audiovisual: Adrià Ghuiralt
Diseño gráfico y cartel: Adrián Novoa
Ayudante de dirección: Pablo Martínez


Datos reposición en Nave 73 5 de septiembre de 2015

Interpretación: Carlos Lorenzo
Texto: Alberto Conejero
Dirección: Alberto Velasco
Ayudantía de Dirección: Pablo Martínez Bravo
Espacio sonoro: Mariano Marín
Escenografía: Alessio Meloni
Iluminación: Luis Perdiguero
Producción: Sara Luesma
Taller escenográfico: Escénica Integral S.L.
Audiovisuales: Adriá Giralt
Actor audiovisuales: Aarón Lobato
Diseño gráfico: Chema Pop
Voces en off Radio: Kiti Manver, Luis Luque y Chevi Muraday.
Voz en off Oscars: Irene Escolar

Nave 73

Fechas:  Domingos de octubre de 2015 PRORROGADO DOMINGOS DE NOVIEMBRE 2015: 1, 8, 15, 22 Y 29 
Hora: 13:00 horas
Precio: 12€ – 14€

Entradas aquí

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Crónica de «Dorian» de Carlos Be

Dorian - Cartel - Jan Pisarik

Después de unos meses de residencia en Bogotá, el dramaturgo de psique siempre agitada, Carlos Be, vuelve a Madrid para hacer, una vez más, una apuesta fuerte con un montaje que, en mi opinión, está llamado a convertirse en uno de los trabajos de referencia del autor de «Peceras», «Muere Numancia, muere», «Exhumación» o la exitosa dramedia musical «Elepé».

A este tahúr de las emociones no se le da bien ir de farol y, en lo que a «Dorian» concierne, no lo hace. El órdago es arriesgado pero también cabal, juega con buena mano. Carlos pone sobre el tapete, con su mirada inmisericorde, muchas de las servidumbres que someten a nuestra sociedad. Buen buceador del alma humana a Be no le interesan las aguas claras, solícito se sumerge hasta lo hondo para remover el fango y traer a la luminosa superficie parte de ese barro fundacional.

Apoyado en el espléndido texto de la novela cuasi homónima de Oscar Wilde, publicada en 1890, Carlos Be ha creado con «Dorian» una dramaturgia llena de nervio que actualiza la reflexión sobre el demoledor impacto que provoca el excesivo sometimiento a la belleza, y a la vanidad que, indefectiblemente, acompaña a ésta. El tema no puede ser más clásico y, por lo tanto, no puede ser más actual y más universal. Quizá, por eso, es imposible localizar a este Dorian que enseñorea su ponzoña con paradójica ubicuidad por plazuelas de Praga, Bogotá, Nueva York o Madrid.

Todos los personajes de «Dorian» -de muy variada procedencia, cultura y nivel socioeconómico-, resultarán igualmente damnificados por la letal explosión atómica que provoca la despreocupada sonrisa del engreído adolescente. Un verdadero tsunami destructor que arrollará vidas vacías agitándolas como si fueran desvalidas caracolas huecas, a merced de las embestidas de una mala mar.

Salta a la vista que Basil, Henry, Victoria, Agatha, Wolfgang, James o Sibyl buscan desesperadamente afecto genuino, a saber, eso que da sentido a la vida, que da consuelo en el camino, que compensa las decepciones y alivia las heridas; esa promesa de seguridad y de merecido respeto, pero, incapaces de reconocer en los otros las virtudes del buen compañero, se subyugan al imperio de la frívola belleza sometiéndose sumisos al descaminado argumento que sostiene que lo bello debe ser necesariamente bueno. Dorian es inmoral en su inconsciencia, en su falta de empatía, pero todos los que le aman participan de esa inmoralidad por haber querido identificar el amor en los pliegues de la carne, en la luz de una sonrisa.

Nuestras sociedades están brutalmente asfaltadas de ese falaz razonamiento. Todos los caminos nos abocan a impregnarnos de ese pegajoso alquitrán: cada vez que encendemos la televisión, abrimos una revista o vemos una película se nos invita a construir nuestro proyecto sobre muscular chapapote, a cimentar nuestra felicidad sobre el oscuro y viscoso dominio de la pasajera hermosura.

Hombres, mujeres y viceversa
«Hombres, mujeres y viceversa» un 16% de share y un millón de espectadores

Este interesante montaje no se apoya únicamente en un texto que disecciona con colmillo retorcido el universo afectivo, y moral, de los atribulados personajes, sino que, también, está favorecido por un solvente equipo de actores que se han entregado en cuerpo y alma a la arriesgada propuesta del dramaturgo y director, casi todos ellos abordando el desafío de doblar personajes muy antagónicos.

El elenco, completamente masculino, aporta a la propuesta un marcado sesgo homosexual que sintoniza con la realidad social del propio Oscar Wilde pero que, además, subraya la coincidencia entre la temática de la obra y los valores propagados por esa cultureta impuesta al colectivo gay que, sin saber muy bien por qué, preconiza, tan frecuentemente, la exaltación del hedonismo y la vanidad exacerbada.

Amor al Alcance de un clic
Amor al alcance de un click

Por su versatilidad destaco el trabajo de Javier Prieto que se enfrenta a sus dos personajes con iguales dosis de profesión y verdad. Asimismo, David González, -cuyo trabajo hemos admirado en tantas ocasiones-, demuestra en este montaje la solidez de su talento que le permite, a estas alturas, reinventarse como interprete; su primera aparición es un verdadero punto álgido de la función y su monólogo como Wolfgang es, también, uno de los momentos más memorables de esta puesta en escena. La fresca interpretación del joven actor Carlos López, como el hipnótico Dorian, es el contrapunto actoral a la experiencia y las tablas con las que Alfonso Torregrosa, ha construido su carismático, irónico y desencantado Henry. Por su parte Jorge Cabrera, además de encarnar al pintor Basil, protagonizará, con mucha habilidad, uno de los momentos más sorprendentemente eróticos que se hayan visto sobre las tablas madrileñas en el marco de una de las “fiestas barrocas” de Wolfgang.

La función está, además, aderezada con  la colaboración del grupo musical Algora que pone música a una intensa escena discotequera protagonizada por Francisco Dávila..

Tuve la oportunidad de asistir alguno de los ensayos de este montaje y, aun estando todavía en agraz, ya me resultó conmovedor y necesario. En el estreno, con el trabajo ya madurado, entendí hasta qué punto «Dorian» habla de algo que nos afecta y nos hiere a diario. Es porque creo que el teatro nos puede transformar y realmente tiene la capacidad de hacernos mejores por lo que recomiendo, sin ningún tipo de reserva, esta función que nos ofrece ese maravilloso espacio, joven pero ya emblemático, que es La Pensión de las Pulgas.

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Versión y Dirección: Carlos Be

Ayudante de dirección: Pablo Martínez Bravo

Produce: The Zombie Company.

Productora: Sara Luesma

Elenco: Jorge Cabrera, Francisco Dávila, David González, Carlos López, Javier Prieto y Alfonso Torregrosa.

Cartel: Jan Pisarik

Música: Algora

La Pensión de las Pulgas

Representaciones en febrero: Martes a las 19 y 21.30 h

Representaciones en marzo: Lunes a las 20 h y martes a las 19 y 21.30 h

Teléfono de reservas: 638 752 812 (de 11 a 14 y de 17 a 20 h). Entrada: 18 euros.

Artículo «Sobre el amor y la muerte» por Hiroshi Sugimoto (Traducción de Sara Luesma)

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Hijo de un amante de las artes y una bailarina de buyôfotógrafo mundialmente conocido, Hiroshi Sugimoto se desvía hacia la escena tradicional, hacia las marionetas del bunraku.

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HIROSHI SUGIMOTO: Primero monté dos . Después de lo que no pude sino ir hacia el bunraku, si bien nuestra tradición teatral incluye un tercer género: el kabuki. Pero me interesa menos: demasiado kitsch. Y demasiado caro. También es cierto que fotografié las figuras de cera de Madame Tussauds. En esta ocasión se trataba de trabajar con los muñecos del bunraku, con su sofisticada técnica, para conferir a estos objetos muertos una presencia real. Mostrarlos como cosas vivas. La fotografía siempre consistió para mí en resucitar aquello que está muerto y en este sentido, me destinaba al teatro. La lógica de la tradición quiere ser reescrita continuamente en el presente. ¿Fue esta la causa de que me interesara por Sonezaki Shinjû?* Esta pieza constituye un punto de partida al que era necesario volver porque la carga de realidad es muy alta, es una obra-reportaje. Trata el “suicidio de amor”. La manera en que se aborda hace de ella una obra maestra. La muerte se convierte en algo bello. La obra resucitó la intención de lo que llamamos la Tierra Pura. Nuestra Tierra es impura, sólo en el otro mundo nos podremos liberar.

La protagonista es una miserable chica de vida alegra, obligada a la prostitución, sin posibilidad de vislumbrar el final de su calvario. Su única salvación descansa sobre su profunda fe en Kannon, divinidad que le ofrece la garantía de ser acogida, después de la muerte, en la Tierra Pura. Ella toma la iniciativa, conduce la acción. Mientras que su amante se deja llevar sin creer tanto como ella. En un contexto cristiano el suicidio se considera una ofensa a Dios. En Japón, destruir la propia vida con objeto de ser acogido por la divinidad, de entrar en un estado de Pureza es perfectamente concebible. En un sentido estricto, diría que hay un contrasentido cuando se habla de “tragedia”. Porque la pareja muere serena, anticipando la felicidad por venir. ¿Sería exagerado hablar de happy end? Ciertamente, la manera en que se despiden del mundo, de sus padres, tiene un lado patético. Además viven un amor contrariado: él está casado; ella pertenece a una categoría social despreciable con la que ni siquiera un tendero del comercio de aceite se casaría. Pero encontramos aquí una humanidad más fuerte, más profunda, que el términoexpresa bien. Una palabra de difícil traducción . Puede significar “amor”, “ternura”, “piedad”. Es ese sentimiento, esa fuerza irreprimible que pide cumplirse, independientemente de los obstáculos. Empecé a partir del texto más cercano al representado en su creación en 1703, y no toqué una coma. No se sabe nada, o casi, de la manera en que se puso en escena. Tampoco hay rastro de la partitura musical. Hubo que imaginarlo todo. Para la música, no pudimos más que adoptar el ritmo tranquilo de las piezas de antaño, las representaciones ya no se desarrollan a lo largo de una jornada entera. Entonces pedí a Tsurusawa Seiji (N. del T.: compositor y director musical) que la concibiera como una obertura para un Jimmy Hendrix del shamisen. Por otro lado, una de las pocas cosas que sabemos de la época, es que los muñecos no eran, como hoy, manipulados por tres marionetistas, sino por uno. Quise agrandar los muñecos, darles más vida, razón por la que pedí a los artistas que se enmascararan, algo que no hacen normalmente. Su energía me pasmó. A veces era yo quien tenía que templar sus ardores reformistas. Estos tesoros vivos se revelaron, al final, más radicales que yo.

* Sonezaki Shingu (Los amantes suicidas de Sonezaki) en la producción de Hiroshi Sugimoto será representada los días 27 y 28 de  septiembre en el Teatro Español

*Se puede acceder al artículo original en francés publicado en el magazine bimensual “Le Journal” Théâtre de la Ville París (septiembre – octubre 2013) haciendo click en la foto de la cabecera.

Crónica de la dramedia musical «Elepé» de Carlos Be

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Los domingos de mayo a las 13:00 en La Casa de la Portera (Madrid)

Con “Elepé Carlos Be confirma ser poseedor de un talento difícilmente encasillable.

Si en “Peceras” buceó por los oscuros abismos de la psique humana, en su inteligente comedia “Elepé” crea un entrañable y divertido universo en el que las complejas interacciones entre la amistad, el amor y la búsqueda del éxito darán pie a situaciones de gran intensidad emocional en las que aflorará a la superficie la profunda humanidad de unos personajes carismáticos que resultan hipnóticos para el espectador.

Una gran comedia, sí, pero una comedia con recado. Una comedia “Carlos Be”.

El dramaturgo y director, como buen maestro de ceremonias, haciendo honor a la máxima circense del “más difícil todavía” le ha dado una vuelta más de tuerca, -otra más-, al talento interpretativo de su magnífico equipo de actores, formado por Carmen Mayordomo, Iván Ugalde y Fran Arráez, a los que vuelve a hacer caminar, sin red, por la cuerda floja, ese territorio que conocen ya tan bien, y en el que lejos de achantarse se crecen hasta alcanzar la altura de gigantes. El propio Carlos Be salta a la pista -por primera vez- interpretando al omnisciente Dejota.

Si bien la interpretación de todos ellos es sobresaliente, Fran Arráez merece una mención especialísima por haber sabido meterse en la piel del personaje de leyenda creado por Carlos. Uno de esos personajes que tienen la sabiduría y la ternura de los que están acostumbrados a perder y, a pesar de todo, son suficientemente generosos para confortar y hacer reír a los que les rodean. La gran cantidad de matices que Fran Arráez ha aportado hace que, más allá de las lentejuelas, el personaje brille con fuego adamantino propio tanto en sus momentos de ágil e hilarante diálogo como durante sus emotivos silencios en los que una sonrisa, que tiene más de llanto que de risa, y unos ojos serenamente inundados de melancolía, de esos que miran con la mirada de los que habiendo perdido la partida están conformes con, al menos, haber podido jugarla, dicen mucho más sobre el sentido de la vida de lo que podía haber trasmitido el texto más esmerado.

La genialidad del trabajo de autor e intérpretes está, además, muy bien acompañada por la evocadora y muy efectiva escenografía de Alberto Puraenvidia, la música de Mirko Jumilla – sin duda uno más de los protagonistas de la obra-; la coreografía de Elisa Morris, el divertido vestuario de Antoni Delgado y el espectacular maquillaje de José Martret. La realización de cartel ha sido a cargo de Jan Písařík.

Dirección musical y piano – Mirko Jumilla
Coach vocal – Isabel Pastor
Coreografía – Elisa Morris
Escenografía – Alberto Puraenvidia
Vestuario – Antoni Delgado
Cartel – Jan Písařík
Producción ejecutiva y ayudante de dirección – Sara Luesma
Dirección – Carlos Be

Una producción de The Zombie Company y Tantarantana Teatre con la colaboración del Festival La Alternativa, La Casa de la Portera y Café del Cosaco.