Crónica de «La Realidad» de Denise Despeyroux

 

la realidad

La Realidad” es un proyecto fruto de la colaboración entre la dramaturga uruguaya, Denise Despeyroux y la actriz y directora argentina Fernanda Orazi, ambas, para fortuna de nuestro panorama escénico, afincadas en España hace muchos años.

Lo primero que llama la atención de esta propuesta es la originalidad del montaje: Dos hermanas gemelas, ambas interpretadas por una potentísima Orazi, se comunican a través de Skype. A una, Andrómeda, la tenemos en escena y a la otra,Luz, la vemos en la pantalla donde se reproduce la videoconferencia. Una se encuentra, tanto en lo físico como en lo mental y emocional, en las antípodas de la otra. Últimamente sus conversaciones a distancia son frecuentes, están preparando algo…

En los escasos minutos que uno tarda en meterse en la trama es inevitable preguntarse por las dificultades que habrá supuesto para la actriz y para la directora no sólo interpretar a los dos personajes sino estar en escena al mismo tiempo con ambos; conseguir que el diálogo entre la actriz de carne y hueso y la actriz grabada fluya con naturalidad, que las réplicas estén siempre ajustadas y hacer, en fin, que toda la maquinaria funcione con precisión. Por supuesto, este “más difícil todavía” se puede hacer con una actriz de la capacidad de Fernanda Orazi, a otros creadores, que se sientan tentados de semejante aventura, les podríamos hacer la advertencia televisiva: “Esta representación es potencialmente peligrosa y está hecha por especialistas, no intenten reproducirla en sus obras”.

Con respecto al texto hay que decir que resulta interesante, muchas veces se vuelve muy divertido y, a en no pocas ocasiones, alcanza momentos de gran belleza lírica. En contrapartida algunos de los interrogantes del planteamiento original de la obra quedan inconclusos lo que provoca un poco de frustración en el espectador.

Quizá, en la construcción de los personajes se haya hecho un mayor hincapié en favorecer que estos tengan la oportunidad de expresarse mediante frases hermosas, conmovedoras reflexiones o divertidas ocurrencias, que en intentar explicar el porqué del desenlace. Esa exigencia de lucimiento expresivo hace que en algún momento los personajes de las hermanas adolezcan de cierta falta de coherencia.

Por otro lado, la reflexión sobre la realidad, que planteaba el montaje, el análisis de la forma en que cada uno la gestionamos o el estudio sobre cómo podemos imitar a alguien por dentro, queda bastante diluida, por lo que al final de la función nos preguntamos ¿Cuál era el mensaje? ¿Hemos llegado realmente a donde nos ha prometía este intrigante planteamiento?

Los personajes que no aparecen pero que son mencionados por las hermanas han sido dibujados con pinceladas de trazo grueso ya que prácticamente lo único que conocemos de ellos son sus encantadoras extravagancias. Las anécdotas sobre ellos son muy divertidas y funcionan realmente bien, siendo uno de los mayores alicientes de esta propuesta. De hecho, estos personajes apenas nombrados resultan tan atractivos que la información que de ellos recibimos se antoja demasiado sucinta para poder imaginarlos en su exótica complejidad y, aun menos, para conseguir entender el origen de los conflictos que se presentan durante la obra que han provocado que una hermana se haya mudado a la otra parte del mundo y que la otra se sienta infravalorada.

Con respecto a las hermanas tampoco presentan, a lo largo de la función, unas personalidades completamente estables. En un primer momento una de las ellas muestra rasgos marcadamente neuróticos mientras que, en oposición, la otra parece disfrutar de cierta estabilidad, pero, al avanzar la trama, se rompen estos esquemas sin que se entienda totalmente el origen de esta evolución más allá de, quizá, para permitirles desplegar su capacidad de enunciar frases chocantes a la una -muy divertida la narración de la experiencias psicotrópico-hinduistas de Luz– y sentencias de gran belleza a la otra “amar, como se ama a los muertos”. Las opciones para el lucimiento de la actriz son muchas y, para disfrute del público, Orazi las aprovecha todas.

La obra, según ha comentado la autora, fue escrita con gran rapidez para presentarla en la primera edición del Festival FRINGE (2012) de Madrid pero posiblemente volvamos a ver a esta peculiar familia en un futuro proyecto de Denise Despeyroux que podría llevar el sugerente título de “Los dramáticos orígenes de las galaxias espirales” -de nuevo una frase contundente llena de lirismo-. Tal vez entonces podamos saciar nuestras ansias de conocer más sobre la vida de las hermanas y la de su familia.

En resumen, un propuesta muy interesante que gustará a todos los que disfrutan de una buena interpretación, de hecho esta es una interpretación sobresaliente, y que encantará a todo ese público que conecta especialmente con los códigos del teatro de las emociones, el diálogo fluido y el humor inteligente.

Reparto:
Fernanda Orazi

Dirección:
Denise Despeyroux

Vídeo:
Bokeh Artes Audiovisuales

En septiembre 2013 en la Sala Triangulo de Madrid

Crónica de «Barrocamiento» de Fernando Sansegundo

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Barrocamiento con dramaturgia y dirección de Fernando Sansegundo, autor también de la versión teatral de La Avería de Friedrich Dürrenmatt -finalista en los premios MAX-, a quién desde la temporada pasada pudimos ver interpretando al Clotaldo de La vida es sueño y que recientemente nos regaló un magnífico Tristán en La verdad sospechosa  de la Compañía Nacional de Teatro Clásico ambas con dirección de Helena Pimenta.

La obra que nos presenta Sansegundo es realmente interesante porque en ella, por suerte de encantamiento (los artificios literarios no dejan de ser otra cosa que encantamientos), son traídas de nuevo a la vida, durante apenas unas horas, tres de nuestras más interesantes figuras literarias de todos los tiempos: Tres mujeres con experiencias vitales extraordinarias que generaron una producción artística que se ganó los más expresivos elogios de los mejores autores de su época entre otros de, por ejemplo, Lope de Vega.

Este encumbramiento intelectual en un tiempo en el que se presumía que a la mujer ni le tocaban ni le convenían las empresas intelectuales, por supuesto, también les trajo no pocos quebraderos de cabeza.

Ellas son Sor Juana Inés de la Cruz (deliciosamente interpretada por Alicia Lobo), María de Zayas y Sotomayor (Rocío Marín que dice el verso de forma natural y sentida) y Feliciana Enríquez de Guzmán (encarnada por Zaloa Zamarreño) la primera dramaturga en lengua castellana.

Gracias a esta resurrección felicísima podremos escuchar de boca de sus protagonistas, por medio del texto en verso creado por Sansegundo que, además de ser muy bello, está lleno de reflexiones muy atinadas, sus vicisitudes y sus anhelos junto con fragmentos especialmente afortunados de sus obras y, también, conoceremos la férrea voluntad que tuvieron, pese a todos los obstáculos, de recibir formación y así asombrar (y escandalizar) al mundo por la alta calidad de su producción literaria.

La puesta en escena es sencilla pero efectiva aunque en algún momento el crepitar de los legajos esparcidos por el suelo despiste un poco la atención del verso que generalmente está muy bien dicho.

Un entrañable vídeo-cameo de Blanca Portillo nos invitará a respetar el legado de estas esforzadas hembras que allanaron el camino a otras muchas que vinieron después con ganas de dejar su huella en la cultura española.

Después de haber recogido mucho éxito en otras salas vuelve ahora a la cartelera de Madrid al hall del Teatro Lara. La podremos ver los lunes lunes 14 y 28 de abril / 6 y 19 de mayo y  9 de junio

Crónica de «Purga» de Sofi Oksanen

Purga

En la saga Dune, las hermanas de la orden Bene Gesserit que sobreviven al “ritual de la Agonía” – la ingestión del Agua de la Vida – son elevadas a un estado superior de consciencia, en el que les son desveladas las “Otras Memorias”, es decir, la personalidad y los recuerdos de todas sus antepasadas femeninas. Sin embargo, también se les advierte de que una vez transformadas habrá un lugar “al que no podrán mirar”: el lugar en donde se encuentran las memorias de sus ancestros masculinos.

Esto no es Arrakis, estamos en España. No somos -al menos la mayoría- hermanas Bene Gesserit, pero muchos buscamos si no niveles superiores de consciencia al menos cierta apertura de mente, ensanchamiento de nuestro intelecto y en general mejores herramientas para entender el mundo que nos rodea. En nuestro caso en vez de beber “Agua de la Vida” – difícil de conseguir por estos lares –  usamos la literatura, el teatro, el cine y el arte en general para iluminarnos. Y sí, ¡ADEMÁS!, nos entretenemos,

Curiosamente, la mayoría de los españoles al igual que esas monjas de saga de ciencia ficción también tenemos “un lugar al que no podemos mirar”. Es un lugar cuya v visión nos provoca desasosiego. Ese lugar de aborrecimiento está donde quiera que habite un argumento que nos haga dudar de nuestras opiniones, especialmente aquellas más arraigadas, aquellas que hemos hecho más nuestras. Nada nos aterroriza más que algo nos haga dudar en esos temas en los que estamos seguros de estar del lado de la razón.

En la historia reciente de España vivimos uno de los episodios más dramáticos de todo nuestro pasado, la Guerra Civil. Este feroz enfrentamiento entre españoles dejó traumas que setenta años después siguen absolutamente vigentes. Esta herida hace imposible que podamos mirar allí donde se pone en su verdadero contexto lo que ocurrió. La versión de los buenos demócratas inmaculado  y los malos fascistas. verdaderos siths está tan absolutamente arraigada en muchos corazones y cabezas que sólo la idea de poner un poco de duda sobre este simplista enfoque nos aterroriza. Da igual cuántas películas veamos, a cuántas obras de teatro asistamos, solo aceptaremos procesar aquellos contenidos que confirmen lo que ya creemos y rechazaremos con pavor las que nos hagan dudar de que tal vez las cosas no sean exactamente como las hemos asimilado.

En mi opinión, el valor principal de un texto tan evocador como es “Purga”,  de la joven autora finlandesa Sofi Oksane, es que si somos suficientemente capaces de controlar el pánico y mirar de frente a su mensaje tal vez consigamos entender que lo que creemos que fue una guerra de malos contra buenos en realidad se trató de una guerra de malos contra malos. De totalitarios de un signo, los fascistas, contra totalitarios de otro signo, los comunistas. Es cierto que en medio había unos pocos demócratas de verdad, no de los que apoyaban a Stalin o Mussolini, pero esos estaban destinados a ser engullidos el bando totalitario que ganase. Para complicar las cosas también estaban los anarquistas, siempre dispuestos a llevar la contraria y a poner en un brete a cualquiera bando que se acercara a ellos. 

En realidad el choque de totalitarismos no fue algo privativo del caso español. De hecho fue un conflicto mundial. En algunos lugares ganaron los totalitaristas fascistas y en otros los totalitaristas comunistas. Por supuesto, esto determinó quiénes serían, en cada rincón de Europa, las victimas y quiénes los verdugos.

Viendo “Purga”  uno percibe hasta qué punto fue igual de desgraciado el destino para los que perdieron, fuese cual fuese su bando. En esta obra donde los malos son los comunistas rusos que invadieron y aplastaron a la República de Estonia. Es revelador comprobar como las tragedias de los estonios fueron tan parecidas a las desgracias que vivieron los republicanos españoles. Lo que aquí era el makis allí eran los hermanos del bosque. Las torturas que aquí organizaban las fuerzas de represión franquista allí las perpetraban los jefes comunistas. Las historias son las mismas: vidas destrozadas, delaciones entre familiares, persecución, odio irracional y deshumanización.

Obras como estas son realmente necesarias para que, por fin, podamos tener una visión global libre de estereotipos de lo que ocurrió en el siglo XX en el mundo y, sobre todo en el solar europeo,. Esta obra es ese lugar al que tenemos que mirar aunque nos de miedo hacerlo.

Una vez dicho que el texto es muy necesario, además hay que resaltar que está cargado de poesía y de dramatismo lorquiano. No deja de sorprender que desde el frío mundo del mar báltico encontremos un lenguaje de tragedia familiar que resulta muy parecido al de los grandes dramas del poeta granadino. El enfoque de “Purga” es muy acertado porque se aparta de las grandes escenas de la guerra para observar escrupulosamente sus devastadores efectos en la vida doméstica de una familia. No se habla de los miles de muertos en las batallas, datos que debido a su dimensión abrumadora nos resulta a veces difícil de asimilar, sin embargo,  donde se ha puesto el foco es en una pequeña casa de kuláks estonios a la que vamos a examinar sin ningún tipo de filtro y comprobaremos hasta que punto la guerra es la más desgraciada de las actividades humanas.

La obra tiene además elementos muy interesantes como su peculiar tratamiento del tiempo. Más que flashbacks lo que hay son inmersiones en los recuerdos de la protagonista, la atormentada Allide. Estos viajes a su pasado, a través de su memoria están bellamente evocados con una muy acertada iluminación (Victor Cadenas de Gea)  y escenografía (Deborah Macías González). También, la música y las voces en off están al servicio del texto.

El punto débil de esta producción es la interpretación que en algunos casos está bastante por debajo del nivel que sería necesario. Las caracterizaciones de los personajes tampoco sobresalen incluso alguna de ellas chirría un poco. Ambos aspectos deberían ser trabajados y limados con ayuda de la dirección (José Herrero).

En resumen, creo el estreno en España de una obra tan premiada a nivel internacional como esta es un motivo para congratularnos y agradecer a Vaivén Producciónes y a Ilmatar Teatro haber tenido el acierto y el valor a enfrentarse con un texto tan bello como difícil. Para todos aquellos que se sientan con ganas de “mirar a ese lugar que normalmente no podemos ni queremos ver” una obra realmente recomendable. Para el resto tenemos en cartel un montón de obras que siguen contándonos las mismas historias de siempre y que aunque nos las vendan como “reveladoras” sólo van dirigidas a confirmar las ideas que ya tenemos…¿Verdad, Juan Diego Botto?.

Vaivén Producciones con en colaboración con Ilmatar Teatro

Crónica de «Un trozo invisible de este mundo»

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Ayer estuve viendo «Un trozo invisible de este mundo»” en Las Naves del Español, Matadero, Texto de Juan Diego Botto en lo que, si no estoy equivocado, es su cuarta creación teatral como dramaturgo.

Lo primero que me gustaría destacar es, una vez más, lo mucho que me gusta el espacio, Las Naves del Español en el Matadero en esta ocasión en la Sala 1. Espacio que si de por sí es profundamente evocador ayer estaba resultaba especialmente emotivo por la acertada escenografía, tan sencilla como impactante. ¿Qué puede ser más simbólico que una cinta transportadora de maletas en un entorno ciertamente frío y hasta hostil? Además, el montaje cuenta con una más que acertada iluminación y diseño del ambiente que apoyan con efectividad la intensidad de la interpretación.

El segundo aspecto que hace que recomiende  esta obra es la solidez de la interpretación de Juan Diego Botto que está más allá de cualquier tipo de alabanza. Resulta absolutamente creíble, hipnótico, honesto en la interpretación con un dominio absoluto del personaje. Realmente uno piensa que hay actores y luego está la gente como Botto para la que debería haber otro tipo de apelativo.

Supongo que en esta maravillosa creación de los personajes ha tenido mucho que ver el director Sergio Peris-Mencheta en lo que podría decir que ha sido un más que afortunado encuentro.

Astrid Jones, a otro nivel, pero dejando el pabellón aun muy alto, interpreta de forma muy digna los tristes avatares de una inmigrante subsahariana de hecho, en mi opinión, es ella quien consigue alcanzar el clímax emocional de la obra.

Dicho todo esto que espero que sea razón suficiente para que os animéis a ver este gran trabajo tengo que hacer algunos comentarios sobre el texto.

En mi opinión el texto que podría perfectamente llamarse «Una visión parcial del este mundo» es un compendio o más bien ideario recurrente, de la conocida retahíla de máximas de una forma muy de pensar fuertemente aposentada en el buenismo y en el progresismo de salón.

El texto, que es denso, reiterativo y desequilibrado trata sobre la desgracia de la emigración, sobre las dictaduras de derechas, (las de izquierda el autor no recuerda que existen), sobre los abusos de los fuertes (si son americanos u occidentales), lo milicos torturadores argentinos, etc. El único palo que uno esperaría que tocase en profundidad y que sin embargo apenas roza es el de la Guerra Civil española al que sólo se refiere para insultar la Transición a la democracia.

Ojo, muchas de las cosas que dice son ciertas, muchas de las injusticias que denuncia son absolutamente reales, el problema es que uno no puede dar una visión en conjunto de las cosas si solo cuenta parte de la película. Pongo un ejemplo. Uno de los personajes es un argentino inmigrante en España que curra en la construcción y que hace una, interpretativamente hablando, gloriosa llamada a su mujer que está en Buenos Aires. Esta llamada le da la oportunidad para comentar lo mal que van las cosas etc. Bueno, salvando la licencia de poner un ¡argentino currando en la construcción! (yo los he visto en cualquier tipo de profesión liberal, desde dentistas, psicólogos, echadores de cartas, masajistas, actores (muy buenos), diseñadores, etc. Pero, ¿es representativo un argentino de paleta?… Bueno, salvando esa licencia, el joven inmigrante cuenta a la mujer la precariedad del trabajo, la falta de papeles, la contratación ilegal, las colas diarias para pillar curro, etc. Hasta ahí todo cierto, todo denunciable, todo triste. El problema es que en ningún momento de la obra habla de aquel argentino que emigró y, oye, cosas absurdas del capitalismo, le fue bien o al menos le fue tan bien o mal como a cualquier otro español que consigue salir adelante sin caer en las simas de la indigencia. Botto, por ejemplo, no habla de su caso personal y familiar, del hecho de ser un profesional respetadísimo y de que su madre lo sea aún más. Y tantos otros que sin llegar a su nivel de éxito oye, van tirando.
Creo que si no se quiere caer en el maniqueísmo uno puede contar el caso triste, denunciar el abuso, por supuesto, pero también debe dar una visión real de las cosas. Precisamente porque las cosas van tan mal para bastantes que no hace falta dar una versión sesgada de la realidad para que nos preguntemos si hay que cambiar algo.

La parte la inmigrante subsahariana fue en mi opinión la más creíble, son los que peor lo tienen con mucho y, si bien Botto es poco comedido en contar las desgracias que sufre la desafortunada mujer: explotación laboral con impunidad de sus explotadores, enfermedad -sida tratado con cremas para el picor-, exclusión social, cárcel, etc., estas resultan creíbles a pesar que como digo lo ha planteado de una forma tan desmedida que resulta contraproducente. Como si para contar la historia de las penalidades de un judío en tiempos del holocausto nazi le hicieras pasar consecutivamente por todos los campos de concentración conocidos desde Mathausen a Treblinka pasando por Auschwitz y Dachau sin entender que con haber estado en uno solo de estos infiernos ya hay suficiente material para entender el mensaje de la monstruosa experiencia que debió ser eso. Botto usa descaradamente la fibra sensible, sin ningún tipo de autocontención, el único palo que le queda sin tocar es el del niño con leucemia con la cabeza afeitada pero supongo que era complicado meterlo en el argumento. Eso sí, tenemos el caso de la niña que juega con la muñeca y que muere de peritonitis porque los padres no la llevan al hospital por miedo a meterse en problemas….Eso, no lo negarán, es artillería pesada capaz de hacer brotar una lágrima del ojo de vidrio de un malvado.

Con respecto a la inmigración por supuesto se plantea con el pensamiento buenista de lo malas que son las fronteras, en ningún momento hay reflexión sobre qué ha ocurrido en lugares donde se han producido grandes flujos migratorios que no han podido ser regulados por producirse dentro de un país. Por ejemplo, la emigración desde el nordeste del Brasil a Rio y Sao Paulo y la creación de millones de favelas por la incapacidad de estos destinos de emigración de poder absorber de una forma adecuada esos flujos migratorios. El hecho de que países que consideramos en la vanguardia de los derechos humanos (países del norte de Europa, Australia, Suiza, tengan férreas medidas para regular –no para prohibir– la inmigración, no le provoca la más mínima reflexión).

Terminado el tema de la Mordor-emigración tenemos un capítulo sobre, ¿adivináis?, ¿alguna novedad? ¿alguna denuncia sobre el régimen actual de Corea del Norte?…Noooooo, ¡Deja a Corea del Norte y su dictador comunista, con esos no nos metemos!… Vamos a darle otra vuelta de tuerca a la dictadura militar argentina, las torturas en la Escuela de Mecánica y, bueno… Botto, por desgracia, tiene lamentables razones personales para tener fijación con ese tema. Pero es que cuando ya se ha tratado millones de veces en miles de películas y siempre con la misma visión resulta algo reiterativo. Igualito que cuando aquí en España cuando un “joven y prometedor cineasta” presenta su primer y “original” largometraje: basado en la Guerra Civil española, en el que compulsivamente repite absolutamente todos los clichés y estereotipos que se han descrito ya en el millón y medio de películas sobre este tema que los españoles hemos sufrido desde la llegada de la democracia. Son aportaciones a la cultura que siguen los patrones virales de ciertos contenidos repetitivos de redes sociales de internet. Es decir, «lo cuento para que me contéis entre los vuestros, lo digo, aunque mi aportación no ofrece ninguna novedad, para que veáis que yo también soy de los buenos».

La última parte sin duda es la peor, en ella el autor se pone filosófico-ideológico. Botto sube el nivel y comenta citas que odia “Más vale pájaro en mano que ciento volando” o la deplorable “Diez está igual de lejos de infinito que cero”. Sin entrar en mucho detalle le sirven para reivindicar el revanchismo, la bondad de heredar los odios de nuestros abuelos, la necesidad de no pasar página. Todo ello, por supuesto, sazonado con críticas a los grandes monstruos del siglo XX, a saber ¡Henry Kissinger!, Bush, Putin y no sé quien más… ¿Alguien preguntará «Pero, ¿en esa lista de la infamia del siglo XX habrá mencionado Castro o a Pol Pot, o tal vez a Stalin o a Hoxa?». Pues no, ni palabrita. Tampoco a Duvalier o a Gadafi, Idi Amin, etc. Se hacen breves referencias a Mao y Lenin pero no crean que para criticarlos, sino porque uno de sus personajes, el torturado en la Escuela de Mecánica recuerda frases de ellos (hay que recordar que algunos entre los “democráticos” opositores a la dictadura militar Argentina se inspiraron mucho en grandes dictadores como Mao y Lenin). De Mao recuerda su frase: “El primer deber de un prisionero es fugarse”…Curioso cuando Mao consiguió hacer de toda China una prisión. Pero bueno, eso lo dice su personaje que reflexiona sobre que el primer deber en cualquier caso es estar vivo para poder fugarse.

Con la frase «Diez está igual de lejos del infinito que cero» estoy totalmente de acuerdo que es una frase desafortunada pero tú, admirado Botto, no la puedes denostar, porque tú, con toda tu buena intención, has hecho de esa frase un motto en esta obra. Tú la has criticado en el sentido de que como no es posible hacer una justicia total da igual hacer poca o ninguna justicia. Pero tú mismo has forzado la máquina de tu exposición de los hechos hasta el extremo, has dado un visión sesgada de la realidad, has señalado a unos y no a otros. Como unas situaciones son totalmente injustas digamos que TODO es injusto, demos esa falsa impresión, Al fin y al cabo diez está tan lejos del infinito como cero.

Comentar que a pesar de todo lo que he dicho sobre el texto al 99,9% del público le debió encantar porque prácticamente toda la sala acabó dando una cerrada ovación a los actores y creadores del trabajo. Aplausos que se redoblaron cuando Botto hizo un pequeño inciso para comentar que en este día las «Abuelas de la Plaza de Mayo» habían encontrado a otro de los niños secuestrados por la dictadura (yo ya me esperaba verlas entrar con pancartas apoyando a la Kirchner o a Herribatasuna o a cualquiera de las causas que hacen la delicia de las encantadoras nonnas.

Por mi parte, y a pesar de las críticas al texto insisto en que me arrodillo ante capacidad de interpretar de Botto y la profesionalidad y talento con que se ha hecho este montaje y doy gracias porque podamos contar en España con un actor que eleva el nivel de nuestro teatro de una forma tan definitiva.

Gracias también a los gestores de Las Naves del Español, Matadero, un espacio cultural de gestión municipal por acoger una obra interesante que es muy crítica con la gestión de esta administración.

Reparto:
Juan Diego Botto
Astrid Jones
Escenografía
Sergio Peris-Mencheta y Carlos Aparicio
Dirección:
Sergio Peris-Mencheta.
Producciones Cristina Rota y Teatro Español

Teatre Lliure Montjuïc. Barcelona

Dirección: Plaza Margarida Xirgú, 1. Barcelona

Hasta: Hasta el 29.09.2013

Crónica de «¿Quién teme a Virgina Woolf?» de Edward Albee

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¿Quien teme a Virginia Woolf?” (1962) de Edward F. Albee (Washington DC 1928)

Who’s afraid of Virginia Woolf” fue estrenada en Broadway en el Teatro “Billy Rose” el 13 de octubre de 1962. La obra ganó varios premios, entre ellos el Premio Tony a la mejor obra y el Premio de la crítica de Nueva York. Se desestimó su candidatura para el premio Pulitzer al mejor drama por el lenguaje obsceno y de fuerte contenido sexual de la obra.

En Madrid la obra se ha representado en varias ocasiones:

En 1966 en el desaparecido Teatro Goya con dirección de José Osuna y Mari Carrillo como Martha y Enrique Diosdado como George, Lolita Losada (Honey), Ricardo Garrido (Nick). A este montaje acudió el autor, Albee, para ver el estreno en España de su obra.

En 1986 en el Centro Cultural de la Villa con dirección de Esteban Polls y el siguiente reparto: Martha (Luisa Fernanda Gaona), Enrique Ciruana (George), Karmele Aramburu (Honey), Gari Piquer Douglas (Nick).

En el año 2000en el Teatro Albéniz con Nuria Espert (Martha), Adolfo Marsillach (George), Marta Fernández-Muro (Honey) y Pep Munné (Nick). (Último trabajo teatral de Adolfo Marsillach).

Por supuesto, la obra se hizo realmente popular a raíz de la versión cinematográfica de 1966, dirigida por Mike Nichols y protagonizada por Elizabeth Taylor (Martha), Richard Burton (George), Sandy Dennis (Honey) y George Segal (Nick). El trabajo fue galardonado con cinco premios Oscar.
Aunque es bien sabido sólo señalar que el título “¿Quién teme a Virginia Woolf?” no tiene nada que ver con el argumento de la obra. En realidad se trata de un juego de palabras entre el título en inglés “Who’s afraid of Virginia Woolf” y el nombre de una de las canciones que se interpreta en la película “Los Tres Cerditos” (1933) titulada “Who’s afraid of the big bad wolf?” (¿Quién teme al lobo feroz?).

Llevar a escena una obra que tiene a sus espaldas una versión cinematográfica absolutamente gloriosa no es una tarea fácil porque para convencer al público no sólo hay que hacer un buen trabajo sino que, además, hay que presentarlo de una forma que parezca algo novedoso; algo capaz de romper con las imágenes grabadas en la memoria de los espectadores. Así que es casi obligado comenzar esta reseña alabando el valor de los productores, director, actores y resto del equipo.

La versión que presenta Veronese se estrenó en el Teatro Romea de Barcelona en catalán y ahora se exhibe en Madrid en castellano con el mismo elenco a excepción de Emma Villarasau (Martha) que en La Latina está interpretada por Carmen Machi. Hay que decir que en Barcelona este montaje recibió una muy buena acogida de público y por lo que estamos viendo en Madrid seguramente aquí se repita el éxito de taquilla.

En la ficha de promoción de la obra se indica que “¿Quién teme a Virginia Woolf? no es más que el retrato de la sociedad americana del momento y el análisis de un mal general: el engaño”. Realmente me cuesta estar de acuerdo con esta afirmación. No creo en absoluto que la sociedad americana de los años sesenta viviera las simas de infelicidad, desesperación, frustración y rabia que viven estos personajes que no se representan más que a ellos mismos. Tampoco comparto eso de que el engaño sea el corazón de la trama. Los personajes principales se “autoengañan” pero están tan al límite, tan sobrepasados de revoluciones, que no son capaces de engañar a nadie más, ni a los invitados ocasionales que los observan con estupor y miedo, ni a los espectadores que desde el primer minuto perciben que lo que está sobre el escenario son dos hienas en busca de carroña. De hecho creo que, por su falta de inhibición, por su absoluto descontrol, se muestran mucho más sinceros frente al mundo que la pareja de secundarios quienes tras unos minutos de compostura, efectivamente comienzan a regurgitar los secretos de sus también desgraciadas vidas ayudados por el alcohol y el clima de máxima tensión propiciado por los estoques entre Martha y George.

En la obra hay engaño pero la obra no va sobre el engaño. Va sobre las expectativas no cumplidas, va sobre los sueños rotos, las promesas no cumplidas, va contra la infelicidad compartida, la desolación cómplice. Va sobre los extraños mecanismos de la pareja que hacen que, podamos despreciar a quien más necesitamos, que proyectemos nuestra frustración y nuestra rabia sobre el único ser en la tierra que realmente nos hace caso. Va sobre la amargura vital. Va sobre el inminente choque de dos mercancías, cargados de reproches, que circulan en dirección contraria dispuestos a encontrase.

Una escenografía realista nos da la bienvenida y desde el momento que la pareja protagonista entra en escena uno tiene la sensación de estar asistiendo a un combate de lucha ilegal donde todo está permitido.

Siguiendo los gustos del teatro americano de la época los diálogos son muy efectistas, brutales, buscando demasiadas veces escandalizar o remover la fibra del espectador, a veces hasta alcanzar proporciones de tragedia griega.

Pere Arquillué interpreta de forma más que convincente a pesar de que el ritmo frenético para los diálogos que ha impuesto Veronese sea contraproducente para dar matices al personaje. George más que un profesor de historia alcoholizado parece un operario asiduo a la coca. Así se presenta los dos primeros tercios de la obra realmente “enzarpado”, acelerado, escupiendo un texto que necesita algo más de tiempo para ser procesado. En el último tercio cuando menos acelerado comienza con la artillería pesada, Arquillué da una lección de interpretación siempre con el gesto preciso, la mirada correcta, la entonación perfecta. Impagable la mirada entre cínica, compasiva y cómplice con que George mira a Martha mientras ella está contando la inverosímil historia de su hijo, la vaca y el brazo roto.

Sin embargo, habría que añadir que la ironía constante de su personaje a veces resulta algo plana ya que, incluso en escenas muy sensibles, como cuando le cuenta a Nick algo tan drástico como los eventos de su niñez no se apea de su cinismo ni un momento. Quizá la caracterización del personaje adolece de cierta vulgaridad. No vemos a un profesor de historia que un día fue un instruido y prometedor universitario que ha llegado a ser un alcohólico a fuerza de acumular frustración y tristeza. No hay un mínimo gesto que evoque una elegancia pasada. En su personaje se aprecia tan sólo a un tipejo que parece haber sido siempre basura, basura blanca, “white trash”.

Carmen Machi, es una actriz muy carismática, cae bien a la gente y eso se nota en la acogida del público, pero la contrapartida es que a veces cuesta dejar de ver a Carmen Machi para ver a su personaje. Hay que reconocer que en los últimos meses que lo está haciendo todo: “Fastaff”, “Juicio a una Zorra”, “Agosto”, además de rodar con Almodóvar; hacer publicidad, etc. se ve a una actriz en gran crecimiento. El texto lo lanza con precisión, a pesar de que también tiene que sufrir el ritmo enloquecidamente rápido marcado por el director. Al perfilar su personaje tampoco han acertado y no consiguen darle la pátina de antigua niña bien convertida en mujer adulta sumida en el alcoholismo y la depresión. Más bien al contrario, parece haber sido siempre una tabernera vulgarota sin pizca de formación.
Siendo su interpretación muy aceptable hay que señalar que se maneja mejor en el desgarro que en la desolación, mejor en el grito desesperado que en el quejido interior. Resulta demasiado cómica en las escenas de seducción. Pero a veces echa unas miradas letales que podrían convertir en estatua de sal al infortunado objetivo de sus ojos.
Ivan Benet como Nick parece solo entonarse hacia el final de la obra y aun así está bastante fuera de lugar. Mireila Aixalà está decepcionante como Honey. No resulta creíble ni un solo momento durante la función.

Aunque ya se han apuntado algunas cosas sobre la dirección hay que añadir también grandes aciertos como la sutilidad con la que se insinúa cierta atracción de George por el apuesto y joven Nick. Atracción sugerida, nada subrayada, ¿una desinhibición de alcohólico, o un problema mayor que explicaría muchos de los problemas de esta pareja?. En cualquier caso un tratamiento muy interesante. Por otro lado la comicidad buscada sobre todo en la primera mitad de la obra es incómoda y forzada; contraproducente porque quita dramatismo a algo que no puede ser sino muy dramático. El público ríe a carcajadas, estamos en La Latina.

Resumiendo, una interesante propuesta que creo que hay que ver pero que no consigue el objetivo de darnos otro referente para entender esta obra que no sea el ya consagrado de la película del 66.

Esta obra fue representada en Madrid en el Teatro de la Latina.
Producción del Teatro Romea de Barcelona.
Reparto:
Carmen Machi (Martha)
Pere Arquillué (George)
Mireila Aixalà (Honey)
Ivan Benet (Nick).
Escenografía: Sebastíà Brosa.